Shogun
Shogun Respiró hondo, se puso de pie y adoptó la postura correcta.
El entrenamiento continuó hasta que la lluvia se llevó el último vestigio de su orgullo.
—¿Quieres saber qué es el honor, Anjin-san? —preguntó Mariko mientras servía el té en la intimidad de una sala iluminada por velas.
Blackthorne asintió.
Ella lo miró con sus ojos oscuros, cargados de una tristeza que él aún no entendía.
—El honor no es solo obediencia. No es solo morir por tu señor —tomó un sorbo de té, su mano temblando apenas—. Es vivir con la certeza de que todo lo que haces tiene un propósito mayor.
Blackthorne la observó. Había algo en su voz, en su manera de hablar, que lo inquietaba.
—¿Incluso si ese propósito significa morir?
Mariko sonrió con melancolía.
—Especialmente si significa morir.
El peligro acechaba en las sombras.
Blackthorne lo notó en la forma en que los sirvientes hablaban en susurros, en cómo los guardias en las murallas estaban más tensos que de costumbre. Había visto suficiente política en Europa para saber que cuando el aire se volvía tan denso, la traición no estaba lejos.
Esa noche, lo entendió.