Shogun
Shogun Toranaga estaba rodeado de enemigos.
La corte, los otros daimyos, incluso algunos de sus propios hombres conspiraban para destruirlo. Y Blackthorne, sin buscarlo, se encontraba atrapado en el ojo de la tormenta.
—Eres un extraño en esta tierra, Anjin-san —le dijo Toranaga en una reunión privada—. Pero también eres mi pieza más valiosa.
—¿Por qué? —preguntó Blackthorne, desconfiado.
Toranaga le ofreció una leve sonrisa, como si viera algo en él que ni siquiera Blackthorne entendÃa aún.
—Porque no tienes lealtad a ninguno de mis enemigos.
Blackthorne sintió un escalofrÃo.
En su mundo, la lealtad se compraba y se vendÃa. AquÃ, la lealtad se pagaba con sangre.
Y la suya podrÃa ser la siguiente en derramarse.
La primera vez que mató a un hombre en Japón, Blackthorne no sintió gloria.
Solo un frÃo vacÃo en el pecho.
El espÃa habÃa intentado colarse en los aposentos de Toranaga. Blackthorne, ya acostumbrado a dormir con un cuchillo bajo la almohada, se despertó en el instante exacto.
Un forcejeo. Un destello de acero.