Shogun
Shogun —¿Y qué quieres que haga?
Toranaga sostuvo su mirada.
—Quiero que elijas.
Blackthorne sintió su cuerpo tensarse. SabÃa lo que eso significaba. SabÃa que su papel como mero observador habÃa terminado.
Si elegÃa mal, morirÃa.
Si elegÃa bien… tal vez vivirÃa lo suficiente para entender en qué se estaba convirtiendo.
El castillo se habÃa convertido en un nido de serpientes.
Los aliados de Ishido se multiplicaban como la peste, susurrando en corredores, enviando mensajeros en la oscuridad.
Blackthorne observaba, aprendÃa. Pero lo que más lo atormentaba era Mariko.
Ella era el lazo que lo unÃa a este mundo extraño. Un alma atrapada en el deber, en un destino que la obligaba a caminar sobre la cuerda floja de la lealtad y la traición.
—No puedes salvarme, Anjin-san —le dijo una noche, cuando él intentó persuadirla de que huyeran juntos.
Blackthorne cerró los puños.
—Puedo intentarlo.
Ella sonrió con tristeza.
—No. Tú debes sobrevivir.