Shogun
Shogun Las palabras quedaron suspendidas en el aire como un último ruego antes de la tormenta.
El día de la traición llegó con la quietud de un amanecer demasiado perfecto.
Blackthorne despertó con la sensación de que algo estaba mal.
Los pasillos del castillo estaban vacíos. No se oía el murmullo de los sirvientes ni el eco de los pasos de los guardias.
Y entonces, el sonido de un gong.
Un solo golpe, profundo y resonante.
La señal.
Blackthorne corrió.
Las puertas de la sala de reuniones de Toranaga estaban abiertas, y en su interior, el daimyo se encontraba de pie, rodeado por sus más leales hombres.
—Han cerrado las puertas de la ciudad —informó uno de los samuráis—. Ishido ha dado la orden de que nadie salga de Osaka.
Blackthorne sintió un escalofrío.
El golpe había comenzado.
La reunión fue rápida y brutal.
Toranaga no mostró miedo. Solo determinación.
—Nos iremos esta noche.
—Es imposible —intervino Mariko—. La ciudad está sellada.