Shogun
Shogun Un señor de la guerra con la mirada de un depredador y la paciencia de un artesano afilando su cuchillo. Toranaga vio en Blackthorne algo más que un prisionero: vio una oportunidad.
—Tienes suerte, Anjin-san —dijo.
Blackthorne frunció el ceño.
—¿Anjin-san?
—Significa "señor piloto" —respondió Toranaga con una leve sonrisa—. Y a partir de ahora, ese eres tú.
El inglés no lo sabÃa aún, pero su vida de marinero habÃa terminado.
HabÃa llegado a Japón como un náufrago. Pronto serÃa algo más.
Algo que ni él mismo podrÃa haber imaginado.
Blackthorne se arrodilló en el suelo de tatami, con la espalda erguida y la mirada fija en el hombre frente a él. Toranaga. Un nombre que empezaba a esculpirse en su mente como un faro en la tormenta.
A su alrededor, los samuráis observaban, inmóviles, con sus katanas descansando sobre sus rodillas. Un solo movimiento en falso, una palabra equivocada, y su cabeza rodarÃa como la de aquel marinero en la playa.
—Eres un hombre curioso, Anjin-san —dijo Toranaga, con voz medida—. Hablas como los portugueses, pero no eres uno de ellos.