Daisy Miller
Daisy Miller —Indudable. Es guapa, pero muy vulgar; clase muy baja.
—Comprendo lo que usted quiere decir —aclaró Winterbourne, tras una pausa.
—SÃ, tiene la encantadora figura de todos ellos —resumió la tÃa—. No acierto a explicarme dónde está su fallo; viste muy bien; no, tú no sabes cómo viste. No me explico de dónde saca ese gusto.
—Pero ¡querida tÃa!, después de todo no es una salvaje comanche.
—No. Es una señorita, que ha intimado con el secretario de su mamá.
—¿Que ha intimado con el secretario? —recalcó el joven.
—¡Ah, la mamá!, la mamá es una perfecta estúpida. Tratan al secretario como a una persona de la familia, como a un caballero. No me maravillarÃa saber que lo sentasen a su mesa. Es muy probable que no hayan visto nunca un hombre con tan buenas maneras, tan bien vestido, tan caballero. Se sienta con ellas por las tardes en el jardÃn y fuma en su compañÃa.
Winterbourne oÃa con creciente interés estas revelaciones, que contribuÃan a formar una opinión sobre la señorita Daisy Miller.
—Evidentemente, su alcurnia no es muy alta.