Daisy Miller
Daisy Miller —Bien —dijo Winterbourne—. Tampoco yo soy un secretario, y con todo la señorita Daisy Miller me encanta.
—Hubieras hecho mejor —repuso la señora Castello con dignidad— habiéndome dicho al principio que te hallabas en relación con ella.
—Si no ha sido más sino que me la encontré en el jardÃn y entablé conversación con ella un momento.
—Tout bonnement, y me alegraré sea como dices.
—Tengo que añadirte que me tomé la libertad de ofrecerle tu presentación.
—¡Muy obligada! —respondió la señora Castello.
—Y aún más, que mi ofrecimiento fue para garantizar mi seriedad —dijo Winterbourne.
—Sólo nos falta saber quién las garantiza a ellas.
—¡TÃa, es usted implacable! Se trata de una señorita muy delicada.
—¡Hijo! Lo dices como si no lo creyeras —observó la señora Castello.
—Será una mujer inculta, aceptado, pero es deliciosamente hermosa. Y en suma, es muy agradable. Prueba que lo creo asà es que voy a visitar en su compañÃa el castillo de Chillon.