Daisy Miller
Daisy Miller —¡Esto sà que es el colmo! —dijo la señora Walker, volviéndose y dirigiéndose a Winterbourne—. Elle s’affiche. Busca la revancha por haberme arriesgado a suplicarle, como lo dice. Como venga, no le dirigiré la palabra.
Daisy llegó, efectivamente, después de las once, pero no como quien temiera que no le van a hablar. Se presentó radiante de alegrÃa, riendo, bromeando, con un hermoso ramo de flores y acompañada por el señor Giovanelli. Todas las conversaciones enmudecieron, mientras la gente se volvió para mirarla. Se dirigió sin vacilación a la señora Walker:
—Deseo excusarme —dijo—. Tal vez pensara usted que no iba a llegar nunca, por eso envié a mamá por delante, para que le advirtiera. TenÃa que pedir al señor Giovanelli que practicase algunos trozos antes de venir; no sabe usted lo bien que canta, y quisiera que le pidiera usted que nos cantase algo. Éste es el señor Giovanelli; recordará usted que se lo presenté. Posee la voz más hermosa que he oÃdo y conoce las canciones más bellas. Le cité con intención para esta noche y hemos pasado un buen rato en el hotel.
Daisy dijo todo esto con la mayor dulzura, a media voz, mirando, ya a la señora de la casa, ya a los invitados, moviendo sus hombros y accionando toda ella graciosamente. Terminó su charla preguntando:
—¿Conozco a todos los señores reunidos aqu�