El Alumno

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La señora Moreen dijo que, cuando le escribió, su hijo se encontraba muy mal. Pemberton supo, al mismo tiempo, por el muchacho, que éste había contestado todas las cartas que había recibido. Esto demostraba que la nota de Pemberton había sido interceptada, con la intención de que no interfiriera en el juego que se traía entre manos. La señora Moreen estaba preparada para que el hecho saliera a la luz y, como Pemberton pudo comprobar, también lo estaba para otras muchas cosas. Estaba preparada, por encima de todo, para mantener que había actuado movida por el sentido del deber y que estaba encantada de haberle hecho venir, dijesen lo que dijesen; y que era inútil que fingiera no saber, en lo más íntimo de su ser, que su lugar en ese momento estaba junto a Morgan. Él les había arrebatado al muchacho y ahora no tenía derecho a abandonarlo. Él se había creado gravísimas responsabilidades; cuando menos estaba en la obligación de cargar con las consecuencias de lo que había hecho.

—¿Qué se lo he arrebatado? —exclamó Pemberton indignado.

—¡Lléveme con usted, se lo suplico! Que me arrebate es precisamente lo que quiero! No puedo soportar esto; estas escenas. ¡Son unos farsantes, los pobres!


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