El Americano
El Americano Newman se sintió encantado de recabar este testimonio favorable a la prosperidad de su petición de mano, pero reprimió toda muestra impetuosa de júbilo.
—¿Estuvo alicaída antes madame de Cintré? —preguntó.
—Pobre señora, tenía sus buenas razones. Monsieur de Cintré no era un marido apropiado para una dama joven y dulce como ella. Y además, como le digo, ha sido una casa triste. Sería mejor, en mi humilde opinión, que no estuviese aquí. Así que, si me disculpa por decírselo, espero que se case con usted.
—¡Espero que lo haga! —dijo Newman.