El Americano
El Americano —Un dÃa, hace un par de meses, me ocurrió algo muy curioso. HabÃa ido a Nueva York por un importante asunto de negocios; una historia más bien larga… se trataba de ganarle la delantera a otra parte interesada, de una manera un tanto particular, en el mercado de valores. Este sujeto me habÃa hecho una mala jugarreta en cierta ocasión. Le guardaba rencor; en aquel momento me sentÃa terriblemente furioso, y juré que, a la primera oportunidad que se me presentase, le partirÃa las narices, hablando en términos figurados. HabÃa en juego un asunto de unos sesenta mil dólares. Si lo apartaba de su camino, el tipo habrÃa de sentir el golpe, y realmente no merecÃa que se le diese cuartel. Me subà a un simón y me fui por ahà a hacer mis cosas, y fue en este simón (este simón inmortal, histórico) donde ocurrió ese extraño hecho del que le hablo. Era un simón como cualquier otro, tan sólo un poco más sucio, con una franja pringosa por encima de los cojines amarillentos, como si se hubiese utilizado en muchos funerales irlandeses. Es posible que me echase una siesta; habÃa estado viajando toda la noche y, a pesar de que mi misión me tenÃa acalorado, sentÃa la necesidad de dormir. En todo caso me desperté bruscamente de un sueño o de una especie de ensoñación con la más sorprendente de las sensaciones: una repugnancia tremenda por lo que iba a hacer. ¡Me vino de golpe! —y chasqueó los dedos—, con la brusquedad de una vieja herida que empieza a doler. No pude explicarme su significado; tan sólo sentà que aborrecÃa todo ese asunto y que querÃa desentenderme de él. La idea de perder esos sesenta mil dólares, de dejar que se escabullesen y huyesen por completo sin volver a saber nada de ellos, comparecÃa ante mà como la cosa más dulce del mundo. Y todo esto tuvo lugar absolutamente al margen de mi voluntad, y me quedé sentado contemplándolo como si fuera una obra de teatro. Lo sentÃa desarrollarse en mi interior. Puede usted estar seguro de que en nuestro interior ocurren cosas de las que comprendemos extraordinariamente poco.