El Americano
El Americano —A fe mÃa que no lo haré. ¡No necesita ayuda para hacerme ascos, ni usted tampoco!
—Yo no le hago ascos, mi querido amigo; ni a nadie, ni a nada. No soy arrogante, le aseguro que no soy arrogante. Por eso estoy dispuesto a seguir el ejemplo de la gente inteligente.
—Bueno, si, como dicen aquÃ, yo no soy la rosa, sà que he vivido cerca de ella. Además le puedo presentar a unas cuantas personas inteligentes. ¿Conoce al general Packard? ¿Conoce a C. P. Hatch? ¿Conoce a la señorita Kitty Upjohn?
—Será un placer conocerlos; quiero cultivar las relaciones sociales.
Tristram parecÃa inquieto y receloso; miró a su amigo de reojo y preguntó:
—De todos modos, ¿qué se trae entre manos? ¿Va a escribir un libro?
Christopher Newman guardó silencio durante un rato mientras se retorcÃa una punta del bigote, y al cabo respondió: