El Americano
El Americano —Lo que se propone hacer va a ser muy desagradable —dijo monsieur de Bellegarde—. Eso es muy evidente. Pero no será más que eso.
—¡Tal y como yo lo entiendo —respondió Newman—, con eso bastará!
Monsieur de Bellegarde se quedó un momento mirando al suelo, como si estuviese escudriñando su ingenio para ver qué más podÃa hacer para salvar la reputación de su padre. Entonces, con un suspiro pequeño y frÃo, pareció dar a entender que, a su pesar, rendÃa al difunto marqués al castigo de su propia depravación. Encogió los hombros de modo apenas perceptible, cogió su elegante paraguas de manos del criado del vestÃbulo y, con sus andares de caballero, salió. Newman se quedó escuchando hasta que oyó que se cerraba la puerta; entonces, exclamó lentamente:
—¡Bueno, ahora deberÃa empezar a sentirme satisfecho!