El Banco de la desolación

El Banco de la desolación

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Se encontró, en realidad, preguntándose muchas cosas, y esta última especulación vino acompañada de otras. Después de todo, ¿qué habría podido hacer él mientras ella vivía sin que ambos, por expresarlo de alguna forma, quedaran en evidencia? No habría podido revelar que ella estaba vigilándole, porque eso habría supuesto hacer pública la superstición sobre la bestia. Eso era lo que ahora le obligaba a guardar silencio, ahora que la jungla había sido batida hasta quedar arrasada y la bestia se había escabullido. Parecía demasiado tonto y demasiado insípido. La diferencia para él en este punto concreto, la extinción en su vida del elemento de incertidumbre, era tal que de hecho le sorprendía. Apenas hubiera podido decir a qué se parecía el efecto que le causaba el cese abrupto, la prohibición tajante, tal vez de la música, más que de ninguna otra cosa, en un lugar donde todo estaba dispuesto y habituado a la sonoridad y a la atención. Si, de todos modos, se le hubiera ocurrido en algún momento del pasado levantar el velo de su propia imagen (después de todo, ¿qué otra cosa había hecho sino levantarlo para ella?), o levantarlo hoy, y hablarle a la gente sin restricciones de la jungla desbrozada y confesarles que ahora la sentía como un lugar seguro, hubiera sido no solo como verles escuchar un cuento de comadres, sino en realidad oírselo contar a sí mismo. Lo que en verdad sucedió al poco tiempo fue que el pobre Marcher avanzaba con dificultad por sus pastos arrasados, donde la vida no bullía, donde ninguna respiración era audible, donde ningún ojo maligno parecía centellear en el interior de una posible madriguera, como si buscara con vaguedad a la bestia, y, aún más, como si la echara de menos. Deambulaba por una existencia que de forma extraña se había hecho más espaciosa, y deteniéndose a intervalos en lugares donde la maleza de la vida le parecía más tupida, se preguntaba con ansiedad, inquiría en secreto y con dolor si habría estado al acecho aquí o allí. En cualquier caso, estaba seguro de que la bestia ya había saltado; conservaba su fe y la certeza de esa verdad que ella le había ofrecido. El cambio de sus viejas sensaciones a esta otra nueva era absoluto y definitivo: lo que estaba destinado a suceder había sucedido tan absoluta y definitivamente que se sentía tan poco capaz de contemplar con miedo su futuro como de concebir esperanzas, carente en suma de cualquier interrogante sobre lo que pudiera ocurrirle. Tendría que vivir hasta el final con el otro interrogante, el de su pasado sin identificar, el de haber tenido que ver su suerte embozada de un modo impenetrable y enmascarada.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker