El Banco de la desolación
El Banco de la desolación —¿Trata de decirme que yo le conté…? —Pero titubeó, por miedo a que no fuera lo que estaba pensando, por miedo a delatarse.
—Era algo que resultaba imposible de olvidar, salvo que usted lo haya hecho, claro. Por eso le pregunto si lo que me contó ha sucedido ya —señaló sonriendo.
Oh, entonces se dio cuenta, pero estaba atónito y se sentÃa avergonzado. También era consciente de que su estado provocaba la compasión de su compañera, como si la alusión hubiera sido un error. Sin embargo, enseguida comprendió que se trataba más bien de una sorpresa que de un error. Por el contrario, pasada la primera impresión, empezó a parecerle extrañamente delicioso que ella lo supiera. Era la única persona en el mundo que lo sabÃa y lo habÃa sabido durante todos aquellos años, mientras que a él, de forma inexplicable, se le habÃa borrado haberle revelado de aquel modo su secreto. Asà pues, su reencuentro no habÃa sido el de dos extraños.
—Me parece que sé a qué se refiere —dijo al fin—. Solo que, es curioso, yo no era consciente de haberle hecho partÃcipe hasta tal punto de mis confidencias.
—¿Se debe quizá a que les ha hecho también a otros muchos?