La Copa Dorada
La Copa Dorada A continuación, la señora Assingham declaró, en el mismo tono que hubiera empleado al dar el resultado de una suma cuyas columnas hubieran estado escritas en una pizarra:
—En consecuencia, no me he portado como una tonta.
Bob Assingham dijo:
—¿Acaso insinúas que yo haya dicho que te has portado como tal? De todas maneras, en este problema lo único que tienes que hacer es no intervenir. Ahora es suyo, de ellos, lo compraron y lo pagaron. Ha dejado de ser tuyo.
—¿A qué problema te refieres?
El coronel fumó en silencio, gimió y dijo:
—¿Tantos problemas hay que es preciso que concrete a cuál me refiero?
—Está el problema de Maggie y el PrÃncipe, y está el problema del PrÃncipe y Charlotte.
Burlón, el coronel observó:
—Y también está el de Charlotte y el PrÃncipe.
La señora Assingham siguió con su lista:
—Está el problema de Maggie y Charlotte, y también está el problema de Maggie y yo. Y me parece que está el de Charlotte y yo. Meditativa añadió: