La Copa Dorada

La Copa Dorada

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—No, no podría hacer frente a la situación actualmente. Pero mi honradez es mi fortaleza. Nadie puede acusarme. Los Verver llegaron solos a Roma. Charlotte, después de pasar unos días con ellos en Florencia, decidió regresar a América. Me atrevo a creer que Maggie la ayudó, seguramente le hizo un regalo, un regalo cuantioso, lo que facilitó muchas cosas. Charlotte se separó de los Verver, vino a Inglaterra y, en compañía de alguien, embarcó para Nueva York. Todavía conservo la carta que me mandó desde Milán, diciéndomelo. A la sazón ignoraba lo que había detrás de aquella carta, pero tuve la impresión de que revelaba la intención de comenzar una nueva vida. De todas maneras, no cabe duda de que aquello despejó un poco la atmósfera allí, quiero decir la atmósfera en que estábamos sumidos en la querida y vieja Roma. El campo quedó libre, tuve carta blanca. Cuando hice lo preciso para que los dos se conocieran, no tenía que pensar en una tercera persona. Más aún, tampoco ellos tenían que pensar en otra persona.

La señora Assingham concluyó:

—Con lo cual puedes ver perfectamente la posición en que me encuentro.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker