La Copa Dorada

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—En las mujeres. Mejor dicho, en una mujer de los viejos tiempos, a la que debemos estar agradecidos, que era descendiente del pretendido descubridor, del audaz individuo antes citado, a la que el Príncipe puede afortunadamente llamar antepasada. Una rama de esa otra familia había llegado a ser importante, lo suficientemente importante, por lo menos, para emparentar mediante matrimonio con la familia del Príncipe, y el nombre del navegante, coronado de gloria, llegó, como es natural, a ser tan apreciado entre los antepasados del Príncipe que siempre lo imponían a alguno de sus hijos, generación tras generación. De todas maneras, lo que quería decirte es que el hecho de llevar este nombre ayudó mucho al Príncipe, desde el principio, a ganarse las simpatías de los Verver, tal como recuerdo muy bien. Esta relación con el navegante causó una impresión muy romántica a Maggie, desde el instante en que lo supo. En un abrir y cerrar de ojos, Maggie colocó todos los eslabones que pudieran parecer ausentes, en la cadena sucesoria. Y yo me dije para mi capote: «Con este signo vencerás», máxime si se tenía en cuenta que el Príncipe, afortunadamente para él, reunía también los demás signos precisos. Realmente, dicha relación era prácticamente la parte afilada de la cuña…

Y la señora Assingham concluyó:

—Lo que me pareció una nota de adorable candor, por parte de los Verver.


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