La Copa Dorada
La Copa Dorada El coronel, con su siniestra placidez, siempre daba adecuada respuesta a las no infrecuentes imputaciones de ignorancia que le lanzaba su esposa en lo tocante a su tierra natal, imputaciones que le dejaban impertérrito y en modo alguno avergonzado. Ni siquiera intentó iluminar las simas de su ignorancia, haciéndole ahora una pregunta a la que consiguió dar tono de curiosidad, sin insinuar siquiera el de disculpa:
—¿Y dónde está la relación a que te has referido?
Rápida, la señora Assingham contestó: