La Copa Dorada
La Copa Dorada El coronel aceptó sin reparos la historia, pero su comentario fue prosaico:
—Sabía muy bien lo que hacía el tal Americo. Y no me refiero al de pasados tiempos.
Valerosamente, la señora Assingham le espetó las siguientes palabras:
—¡No hace falta que insistas!
Pero el coronel remachó:
—El viejo Americo no es el único descubridor de la familia.
—Puedes decir lo que te dé la gana, pero la verdad es que, si bien es cierto que el viejo Americo descubrió América, o consiguió que le honraran como si la hubiera descubierto, también lo es que sus sucesores, con el paso del tiempo, descubrirían a los norteamericanos. Y concretamente uno de ellos descubriría lo muy patriotas que somos.
El coronel preguntó:
—¿Y este último no será acaso la misma persona que descubrió la relación antes mencionada?
La señora Assingham le miró de través:
—La relación es histórica, totalmente histórica. Tus insinuaciones sólo revelan tu cinismo. ¿No comprendes que la historia de esta familia es perfectamente conocida, desde las raíces hasta la última rama, en todos los momentos de su desarrollo?
Bob Assingham dijo: