La Copa Dorada
La Copa Dorada El coronel hizo estas objeciones muy despacio, y sus pausas permitÃan a su esposa ir de un lado para otro y atenderle. Pero seguÃa paseando, inquieta, cuando el coronel terminó su pregunta:
—Si no ocurrió nada que no hubiera debido ocurrir entre esta pareja, antes de que Charlotte huyera, lo que hizo, según dices, precisamente para que no ocurriera, ¿a santo de qué era tan terrible hablar de ello?
Después de escuchar esta pregunta, la señora Assingham siguió paseando y cuando por fin se detuvo ni siquiera la contestó:
—Pensaba que querÃas que estuviera tranquila.
—Y es lo que quiero. Y procuro tranquilizarte todavÃa más, a fin de que no vuelvas a inquietarte. ¿Puedes estar tranquila, en lo tocante al punto a que me he referido?
Pensó unos instantes y, a juzgar por su contestación, se esforzó en estar tranquila:
—Estoy perfectamente segura de que Charlotte no desea, en manera alguna, creer que tuvo que huir por las razones a que nos estamos refiriendo, aunque el hecho de huir produjo el resultado que ella querÃa.
—¡Claro, si es que ha producido el resultado que ella querÃa!