La Copa Dorada
La Copa Dorada —Charlotte ha hecho algo muy grande en beneficio del PrÃncipe. SÃ, hace aproximadamente un año, lo hizo. En realidad ayudó al PrÃncipe a hacer una cosa muy grande y me ayudó también a mÃ. Se puso al margen, se fue, le dejó en libertad. ¿Y qué era el silencio que Charlotte observó ante Maggie sino una ayuda al PrÃncipe? Si Charlotte hubiera hablado en Florencia, si Charlotte hubiera contado su triste historia, si hubiera regresado en cualquier otro instante en vez de hacerlo ahora, si no se hubiera ido a Nueva York y se hubiera quedado allÃ, si no hubiera hecho todo esto, lo que ha ocurrido serÃa diferente. Por lo tanto, Charlotte se encuentra ahora en una posición que le permite ser consecuente.
Hizo una pausa y repitió con el mismo acento con que antes lo habÃa dicho:
—Conoce al PrÃncipe y la pobrecilla Maggie, no.
La señora Assingham se habÃa elevado, se sentÃa lúcida, se sentÃa casi inspirada. Pero, precisamente por esto, la profundidad de sus palabras avivó el superficial sentido común de su marido, quien dijo:
—En otras palabras, ¿Maggie se encuentra en peligro debido a su ignorancia? En cuyo caso, si Maggie se encuentra en peligro, hay peligro.
—No lo habrá, gracias a la comprensión de Charlotte. De ahà deriva la ocasión que Charlotte tiene de ser heroica, de ser sublime…