La Copa Dorada
La Copa Dorada —Seré todo lo magnÃfica que pueda, por lo menos. Bob Assingham se levantó:
—¿Y tú, precisamente tú, me llamas inmoral? Dudó antes de contestar:
—Si lo prefieres, te llamaré estúpido. Pero, como muy bien sabes, cuando la estupidez llega a cierto punto es inmoralidad, y de la misma manera, ¿qué es la moralidad sino una gran inteligencia?
El coronel se sintió incapaz de contestar a esta pregunta, lo que le permitió concluir en tono más firme aún:
—Además, en el peor de los casos, la cosa resulta divertida. Ah, bueno… Si hubieras empezado por ahÃ…
Las palabras del coronel implicaban que, en este caso, su esposa y él se encontraban en el mismo terreno. Pero ni siquiera asà consiguió el asenso de ella, quien dijo:
—No me refiero a lo que tú entiendes por diversión. Buenas noches.
En respuesta a estas palabras, el coronel, mientras apagaba la luz eléctrica, emitió un extraño y corto gemido que fue casi un gruñido. Al parecer, sus palabras habÃan significado cierta particular clase de diversión.