La Copa Dorada
La Copa Dorada Dichas estas palabras, el PrÃncipe cogió un broche. Charlotte volvió a guardar silencio, mientras el dueño de la tienda se limitaba a esperar.
Ella dijo:
—Si aceptara de usted uno de estos pequeños y encantadores objetos de adorno, tal como me propone, ¿qué tendrÃa que hacer con él?
Por fin, el PrÃncipe se mostró un poco irritado e incluso dirigió una vaga mirada al dueño de la tienda, como si éste pudiera comprender el idioma en que los dos hablaban. El PrÃncipe dijo:
—¡Llevarlo, per Bacco!
—¿Dónde? ¿Debajo de la ropa?
—Donde usted quiera. Pero creo que estará usted de acuerdo en que no vale la pena seguir hablando de este tema.
Sonriendo, Charlotte observó:
—Sólo vale la pena seguir hablando de este tema, mio caro, debido a que ha sido usted quien lo ha iniciado. La pregunta que voy a hacerle me parece razonable, y sus deseos de hacerme un obsequio se mantendrán o no según la respuesta que usted mismo dé a mi pregunta. Si yo me pusiera uno de estos objetos regalado por usted, ¿cree que podrÃa mostrarlo a Maggie y decirle quién me lo ha regalado?