La Copa Dorada
La Copa Dorada —Puedo venderlo por menos de lo que vale. Lo conseguà por mucho menos.
—¿Por cuánto lo vende, entonces?
El dueño esperó una vez más, sin alterar su serena mirada, y dijo:
—¿Le gusta?
El PrÃncipe se acercó un poco más, la miró y le preguntó:
—Cos è?
—Bueno, signori miel, si desean saberlo, les diré que es un recipiente de cristal perfecto.
El PrÃncipe exclamó:
—¡Per Dio, claro que queremos saberlo!
Y acto seguido, dio media vuelta y regresó junto a las puertas de vidrio.
Charlotte dejó el objeto sobre el mostrador. Estaba interesada y preguntó al vendedor:
—¿Quiere decir que está tallado de un solo cristal?
—Si no es asÃ, puedo prometerle que jamás descubrirá en él una pieza de unión o un punto en que una pieza haya sido pegada a otra.
—¿Incluso si quito el oro rascándolo?
El dueño de la tienda, siempre respetuoso, dio muestras de que sus palabras le habÃan divertido: