La Copa Dorada
La Copa Dorada —No podrá quitarlo rascando, ya que el oro ha sido perfectamente aplicado, aunque no sé cómo ni dónde. Seguramente lo aplicó un viejo artesano muy competente, y mediante un hermoso procedimiento antiguo. Francamente prendada de la copa, sonrió al dueño de la tienda, preguntándole:
—¿Mediante un arte olvidado?
—Llamémosle un arte olvidado.
—Pero ¿de qué época es?
—Bueno, digamos también de una época olvidada.
La muchacha arguyó:
—Si tan precioso es este objeto, ¿cómo puede venderlo a precio barato?
Su interlocutor dejó pasar tiempo, una vez más, pero, en esta ocasión, el Príncipe perdió la paciencia. Dirigiéndose a Charlotte dijo:
—La espero fuera.
Y aunque habló sin irritarse, subrayó sus palabras saliendo inmediatamente a la calle, en donde, durante los minutos siguientes, Charlotte y el dueño de la tienda pudieron verle de espaldas, esperando filosóficamente y fumando un cigarrillo. Charlotte incluso le observó unos instantes, ya que tenía clara conciencia de la divertida afición italiana que su amigo tenía a observar la vida callejera londinense.
Entre tanto, el dueño de la tienda contestó a su pregunta: