La Copa Dorada
La Copa Dorada —Con que ¿tiene una grieta? Y el cristal se parte, ¿verdad?
—Por ciertos puntos y de acuerdo con la naturaleza propia del cristal.
—¿Quiere decir que este objeto tiene un punto débil?
Por toda contestación, el dueño de la tienda, sin vacilar, cogió la copa, la levantó y la golpeó con una llave. La copa emitió el más bello y dulce sonido que quepa imaginar. El hombrecillo dijo:
—¿Dónde está el punto débil?
Charlotte reconoció la impertinencia de aquella pregunta:
—Para mÃ, sólo está en el precio. Soy pobre, muy pobre. De todos modos, muchas gracias. Lo pensaré.
El PrÃncipe, situado en la calle ante el escaparate, habÃa dado media vuelta sobre sà mismo y escudriñaba el relativamente oscuro interior para averiguar si su amiga se habÃa decidido. Charlotte dijo:
—Me gusta, pero debo pensarlo antes de decidir. El hombre, no sin cierta elegancia, se resignó:
—Lo guardaré hasta que se decida.