La Copa Dorada
La Copa Dorada A mi parecer, hemos gozado juntos de unos dÃas tan dichosos que albergo la esperanza de que no la sorprenderá en exceso que le pregunte si puede usted pensar en mà satisfactoriamente como marido.
Como si el señor Verver hubiera sabido que Charlotte no le contestarÃa apresuradamente, ya que no podÃa hacerlo sin perder el grácil carácter de su compostura, o no querÃa hacerlo, añadió unas cuantas palabras más, igual que si hubiera considerado que éste serÃa su deber al pensar en aquella escena por anticipado. Ya habÃa formulado la pregunta que no le permitÃa en manera alguna echarse atrás, y lo que a continuación dijo vino a ser como si de nuevo avivara el fuego para asegurar la llama.
—Lo que acabo de decir no es para mà la expresión de repentinos sentimientos; en ciertos momentos me he preguntado si usted no lo veÃa venir. He avanzado en esta dirección desde que salimos de Fawns, y aquà he llegado a este punto.