La Copa Dorada
La Copa Dorada —Ésta es la manera en que quiero comportarme.
Después de decir estas palabras, Charlotte añadió:
—No comprendo por qué encuentra usted a faltar algo. No comprendo por qué no es usted feliz tal como está.
Después de una pausa, prosiguió:
—No puedo preguntarme a mà misma, ni puedo preguntarle a usted, si realmente goza de tanta libertad como su universal generosidad induce a creer. ¿No deberÃamos pensar un poco en los demás? ¿No deberÃamos, por un deber de lealtad, o al menos de delicadeza, pensar en Maggie?
Después de estas palabras, con tensa dulzura, como si no quisiera causar la impresión de que estaba dándole lecciones de deber, explicó:
—Maggie lo es todo para usted, siempre lo ha sido. ¿Está seguro de que en su vida hay sitio para otra…?
—¿Para otra hija? ¿Es eso lo que querÃa decir?
Charlotte, al dejar inacabada la frase, por poco tiempo dejó la conversación interrumpida, ya que el señor Verver se apresuró a hacer la pregunta antes consignada. De todas maneras, no desconcertó a Charlotte Stant, quien replicó: