La Copa Dorada
La Copa Dorada —El «buque» está casi siempre atracado en puerto o, si lo prefiere, anclado ante la costa. En lo que mà hace referencia, diré que de vez en cuando tengo que abandonar el buque para hacer un poco de ejercicio, y habrá usted podido darse cuenta, a poca atención que haya prestado al asunto, de que Charlotte no puede evitar de vez en cuando hacer otro tanto. En ocasiones, ni siquiera hace falta llegar a tierra, basta con saltar al agua y chapotear un poco. A que nos hayamos quedado aquà esta noche los dos juntos, al accidente que ha puesto a nuestros ilustres amigos sobre la pista de Charlotte, sÃ, porque reconozco que esto ha sido uno de los resultados prácticos de nuestra combinación, a todo eso puede usted calificarlo como uno de nuestros inofensivos chapuzones, saltando desde la cubierta del buque, que ni ella ni yo podemos evitar. Cuando estos chapuzones se producen, ¿por qué no considerarlos inevitables, sobre todo si tenemos en cuenta que no arriesgamos la vida? No nos ahogaremos, no nos hundiremos. Por lo menos tengo esta seguridad en lo que a mà respecta. Tampoco podemos olvidar que la señora Verver, dicho sea en su honor, sabe nadar, por cierto.