La Copa Dorada
La Copa Dorada —Para mi hermana y su marido, ParÃs es el fin del mundo, por lo que Londres representa más o menos otro planeta. Para ellos, lo mismo que para muchos de nosotros, Londres ha sido siempre La Meca y ésta es realmente su primera peregrinación. La «vieja Inglaterra» ha sido, en su concepto, una gran tienda en la que comprar artÃculos de caucho y cuero, de los que se han abastecido siempre en la mayor medida posible. Lo cual significa que los verá, a todos, envueltos en constantes sonrisas. Debemos tratarlos sin la menor ceremonia. Maggie es maravillosa y ha hecho los preparativos a una escala tremenda. Insiste en tener invitados en su casa a los sposi y a mi tÃo. Los otros serán mis invitados. Ya he reservado sus habitaciones en el hotel, y, luego de las solemnes firmas de hace una hora, bien podemos decir que el expediente ha quedado cerrado en lo que a mà respecta.
Divertida, la señora Assingham le preguntó:
—¿Significa esto que está atemorizado?
—Terriblemente. Lo único que puedo hacer ya es contemplar cómo el monstruo se acerca más y más. Son malos dÃas éstos. No son ni una cosa ni otra. En realidad no tengo nada todavÃa, pero a pesar de eso puedo perderlo todo. Aún no sabemos lo que puede ocurrir.