La Copa Dorada
La Copa Dorada —Realmente, no son buenos los días presentes.
Éstas fueron las palabras que el Príncipe dijo a Fanny Assingham después de manifestarle la alegría que le producía encontrarla en casa; luego, ya con la taza de té en la mano, le comunicó las últimas noticias, es decir, la firma de los documentos, hacía una hora, de part et d’autre, y el telegrama que le habían enviado sus padrinos, llegados a París en la mañana del día anterior, que ahora descansaban un poco creyendo, los pobrecillos, que estaban viviendo una tremenda aventura.
—Somos gente muy sencilla, comparados con usted, algo así como los primos de provincias.
El Príncipe también observó: