La Copa Dorada
La Copa Dorada —¿Y para con quién confiesa usted tener responsabilidades? —¡Ah, mio caro, esto es asunto mÃo y sólo mÃo!
El PrÃncipe, sin dejar de mirarla con dureza, preguntó:
—¿Me abandona?
Esto era lo que Charlotte le habÃa preguntado diez minutos antes, y el hecho de que el PrÃncipe se lo preguntara de forma casi idéntica estremeció a Fanny Assingham, que estuvo a punto de replicar: «¿Se ponen ustedes dos previamente de acuerdo acerca de lo que van a decirme?». Pero más tarde se alegró de haberse reprimido a tiempo, a pesar de que su contestación real no fue mucho mejor que la reprimida:
—Pienso que ignoro qué es lo que puedo hacer por usted.
—Debe acceder a recibirme, por lo menos.
—¡Por favor, déme tiempo para prepararme!
Ya pesar de que Fanny consiguió acompañar estas palabras con una carcajada, se vio obligada a volver la cara. Con anterioridad, en ningún momento habÃa apartado la cara ante el PrÃncipe, y, para Fanny, fue lo mismo que si realmente le temiera.