La Copa Dorada
La Copa Dorada —Con nadie soy bajo y mezquino, salvo con mi pródiga esposa. Me llevo bien con todos mis amigos, tal como yo los valoro; sin embargo, soy incapaz de aceptar el valor que tú les atribuyes. Y no hablemos ya de lo que ocurre cuando te dedicas a sumar valores…
Tras estas palabras, el coronel soltó una bocanada de humo, y su esposa observó:
—Mis sumas carecen de importancia cuando no eres tú quien tiene que pagar la factura.
Después de decir estas palabras, sus meditaciones volvieron a perderse por el aire:
—Lo más importante es que cuando vino a buscarla tan de repente no tenÃa miedo. Si hubiera estado atemorizado habrÃa podido evitarlo. Y si yo hubiera visto que lo estaba, si yo no hubiera visto que no lo estaba…
Después de meditar, la señora Assingham concluyó:
—Entonces yo hubiera podido verlo. Lo habrÃa visto. Nuevos pensamientos le indujeron a añadir: