La Copa Dorada
La Copa Dorada —Y es verdad que para ella se trataba de una gran cosa, de una oportunidad que pocas veces se da en la vida, por lo que difÃcilmente podÃa dejar de aceptarla. Y me gustó que él no se lo impidiera llevado por su propio temor. Era maravilloso que se le deparara a ella tal oportunidad. El único problema que podÃa presentarse era que Charlotte se sintiera incapaz de afrontar la situación. Si ella no hubiera tenido confianza, habrÃamos podido hablar. Pero la tenÃa, y mucha, la tenÃa toda.
Pacientemente Bob Assingham preguntó:
—¿Es que le has preguntado hasta qué punto tenÃa confianza?
El coronel habÃa formulado la pregunta con muy modestas esperanzas, como de costumbre, acerca de la contestación que obtendrÃa, pero esta vez habÃa tocado el más sensible resorte de reacción de su esposa: