La Copa Dorada
La Copa Dorada —Jamás, jamás… No era el momento de «preguntar». Preguntar es sugerir, y no era el momento de sugerir. Allà una tenÃa que hacerse su propia idea de la forma más secreta posible y con los elementos de juicio que una tenÃa a su disposición. Y juzgo, tal como he dicho, que Charlotte estimaba que podÃa afrontar la situación. SÃ, me causó la impresión en aquellos momentos de estar casi conmovedoramente agradecida, a pesar de lo orgullosa que es. Pero jamás le perdonaré haber olvidado a la persona a quien debe estar primordialmente agradecida.
—¿No será la señora Assingham, por casualidad?
Fanny nada dijo durante unos instantes, ya que, a fin de cuentas, habÃa alternativas. Luego, declaró:
—Es Maggie, por supuesto. La pequeña y asombrosa Maggie.
Mientras con lúgubre expresión miraba hacia el exterior por la ventanilla del coche, el coronel Assingham preguntó:
—¿También Maggie es asombrosa?
La esposa del coronel, hecha un ovillo en el rincón del carruaje, proyectó hacia el exterior una mirada idéntica a la de su marido: