La Copa Dorada
La Copa Dorada Pero su voz se extinguió mientras se sumÃa más y más en sus pensamientos. El coronel dijo:
—En consecuencia, ha adquirido el derecho, para cambiar un poco, de echar una cana al aire.
Siguiendo invariablemente el curso de sus pensamientos, Fanny Assingham dijo:
—Sin embargo, la cuestión no radica en que se porten maravillosamente cuando están separados, sino, al contrario, en que lo hagan también cuando están juntos, lo cual es harina de otro costal.
Sin gran interés, el coronel preguntó:
—¿Y qué crees tú que deben hacer cuando están juntos? Yo dirÃa que cuanto menos hagan mejor, y ya me comprendes, supongo.
En esta ocasión la señora Assingham dio muestras de haber oÃdo a su marido:
—Comprendo demasiado bien en qué piensas, pero yo no pienso en lo que tu insinúas.
Después de un breve silencio, completó su anterior respuesta:
—No creo, querido, que sea necesario tener pensamientos bajos y mezquinos con respecto a esta pareja. Son las últimas personas en el mundo capaces de portarse de la manera que sospechas.
El coronel advirtió: