La Copa Dorada
La Copa Dorada —Pues, oye, ésta es otra de las preguntas que puedes formularle. Parece que todo tienes que hacerlo como si se tratara de un juego con un reglamento fijado de antemano, pero realmente no sé quién podrá sancionarte en el caso de que tú infrinjas las normas. ¿No será que puedes dar tres respuestas, a ver si aciertas una, como en las adivinanzas de Nochebuena?
El sarcasmo del coronel dejó impertérrita a su digna esposa, por lo que Bob Assingham añadió:
—¿Y cuánta sinceridad o qué cantidad de cualquier otra cosa necesitas en Charlotte para seguir dándole al asunto?
En tono un tanto siniestro, repuso:
—Proseguiré mientras quede una porción tan pequeña como una uña de tus dedos, aunque afortunadamente no nos encontramos aún en esa situación.
La señora Assingham hizo otra pausa, contemplando ahora la más amplia perspectiva en la que repentinamente las obligaciones de la señora Verver para con Maggie quedaban en gran manera ampliadas. Habló de nuevo:
—Incluso en el caso de que Charlotte nada debiera a los demás, por lo menos tendrÃa la obligación de un comportamiento impecable para con el PrÃncipe.
Ahora Fanny se preguntó a sà misma.