La Copa Dorada

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—¿Qué ha hecho el Príncipe sino confiar generosamente en ella? ¿Qué hizo sino interpretar que, si Charlotte estaba dispuesta a aceptar se debía a que se sentía suficientemente fuerte? Indudablemente, esto impone a Charlotte el deber de tener la debida consideración con el Príncipe, de pagar la confianza en ella depositada, lo cual… Bueno, sí, lo cual… En fin, que si de ello no hace norma constante de su comportamiento, se portaría muy censurablemente. Con esto me refiero, desde luego, a la confianza de que Charlotte no se mezclaría en la vida del Príncipe como él expresó al guardar silencio en los momentos críticos.

El coche de alquiler estaba ya muy cerca del hogar de los Assingham, y quizá por ello el coronel tuvo la sensación de dejar de hablar, lo que motivó que su meditación siguiente floreciera de un modo que casi sorprendió a su esposa. Los cónyuges estaban principalmente unidos por la paciencia del coronel, casi siempre a punto de agotarse y, debido a esto, la nota predominante en las frases del marido solía ser la de la benévola desesperación. A pesar de ello, en este momento, el coronel puso tasa a su desesperación hasta el punto de reconocer virtualmente que había seguido el razonamiento de su esposa:



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