La Copa Dorada
La Copa Dorada —¿Quieres decir que ya se las arreglarán para hacer todo lo que quieran? ¡Lo has dicho! ¡Tú mismo lo has dicho!
Casi sibilinamente, el coronel dijo:
—Se las arreglarán a su manera.
Esto produjo sus efectos en Fanny, ya que, además de la luz que arrojó sobre el fenómeno de la endurecida conciencia de su marido, pudo percatarse de la gran verdad que habÃa en la acusación concreta de la que antes habÃa hecho objeto a su marido. La evocación de la escena era realmente maravillosa para Fanny, quien dijo:
—¿Se las arreglarán con gran astucia, verdad? ¿Esto es lo que piensas? ¿De manera que nadie se enterará? ¿Y que nosotros haremos cuanto de nosotros se espera si nos limitamos a protegerlos?
El coronel, sentado, inmóvil, declinó la invitación a expresar sus pensamientos. Las manifestaciones verbales se parecÃan mucho a las teorÃas, en el sentido de que uno siempre acababa extraviándose. El coronel sólo sabÃa lo que decÃa, y lo que sabÃa representaba la limitada vibración de la que su inveterada dureza era capaz. A pesar de todo, tenÃa que aclarar cuál era la posición que habÃa adoptado en aquel asunto, a cuyo efecto esperó un poco más. Pero por fin lo hizo por tercera vez y con las mismas palabras:
—Se las arreglarán a su manera.
Acto seguido, bajó del coche.