La Copa Dorada
La Copa Dorada —¡Sólo Maggie aburre al PrÃncipe!
Pero su esposa también estaba preparada para eso:
—¡No, no sólo Maggie! Hay mucha gente en Londres, y no debemos sorprendernos, que aburre al PrÃncipe.
—En este caso resulta que Maggie sólo es la más pesada entre todos los que le aburren.
Pero el coronel inmediatamente renunció a contestar esta pregunta, debido a que le vino a las mientes otra pregunta cuya semilla habÃa sembrado su cónyuge poco antes:
—Acabas de decir que el PrÃncipe seguramente habrÃa regresado ya, en compañÃa de Charlotte, «caso de que hayan regresado». ¿Realmente consideras posible que no hayan regresado?
Expresó su interés de manera que no puso de manifiesto que, a su parecer, la señora Assingham tenÃa cierta responsabilidad en lo que pudiera ocurrir. Pero ella no estaba dispuesta evidentemente a asumir tal responsabilidad:
—Creo que nada hay que no sean capaces de hacer actualmente… en su intensa buena fe.
Bob repitió estas últimas palabras como un eco, aunque en un tono extrañamente crÃtico:
—¿Buena fe?
—En su falsa posición. Viene a ser lo mismo.