La Copa Dorada

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Capítulo XXIV

Estas palabras motivaron que la señora Assingham contestara:

—Sólo puedo decir que en la cara de Maggie, en su voz y en todo su comportamiento había algo que me afectó como jamás Maggie me había afectado, y fue debido precisamente, y sobre todo, a que me di cuenta de que Maggie hacía todo lo que podía, y todo lo que la pobrecilla puede es mucho, para portarse de manera tranquila y natural. Cuando una ve a gente que siempre es natural hacer pálidos, patéticos y titubeantes esfuerzos para portarse con naturalidad, entonces es cuando una comprende que algo pasa. No puedo describir la impresión que he recibido. También tú la hubieras recibido. Y lo único que puede representar un problema para Maggie es esto. Yal decir «esto» quiero decir que Maggie comienza a dudar.

Guardó silencio y, después, concluyó:

—Comienza a dudar por primera vez de su maravilloso buen juicio, pobrecilla, y de su pequeño y maravilloso mundo.

La visión de Fanny era impresionante; el coronel, como si también él se sintiera conmovido, decidió efectuar otra salida en misión de exploración:

—¡Duda de la felicidad! ¡Duda de la amistad! ¡Pobre! ¡Será muy duro para ella!

El coronel concluyó:

—Pero recurrirá a Charlotte.


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