La Copa Dorada
La Copa Dorada —Francamente, tengo la impresión de que no me trata con justicia. Está usted preocupada por algo que no me dice.
La sonrisa de la señora Assingham fue un tanto apagada al contestar:
—¿Estoy obligada a decirle todo lo que me preocupa?
—No se trata de decirlo todo, sino de decir todo lo que de una u otra forma pueda afectarme. Esto no debe usted reservárselo. Sabe con cuánto cuidado deseo proceder, considerando todos los detalles, para no cometer un error que pueda perjudicarla a ella.
Al oÃr estas palabras, reaccionó preguntando, extrañada:
—¿A ella?
—A ella y a él. A nuestros dos amigos. A Maggie y a su padre.
La señora Assingham confesó:
—Realmente hay algo que me preocupa. SÃ, ha ocurrido algo para lo que no estaba preparada. Pero se trata de un hecho que, en puridad, no le concierne.
El PrÃncipe, en inmediata reacción de alegrÃa, echó la cabeza atrás y dijo: