La Copa Dorada

La Copa Dorada

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Sin embargo, Maggie tardó poco en darse cuenta de que con esta actuación no se había ocupado de Charlotte, a quien siempre sería preciso no dejar de lado; de todas maneras, Charlotte, por mucho que aprobara sus iniciativas, las aceptaría forzosamente siempre, en el mejor de los casos, de una manera más o menos diferente. Maggie calculó este hecho inevitable, calculó las diferentes actitudes que Charlotte podía adoptar, al día siguiente de volver de Matcham, al abordarla mostrando el mismo interés por oír su relato sobre lo ocurrido. Maggie quería que Charlotte le contara la historia entera, como antes había querido que lo hiciera su marido, y en Eaton Square, adonde fue casi ostentosamente sin el Príncipe, a este fin y sólo a este fin, indujo con urgencia a Charlotte a tratar el tema reiteradamente, ya en presencia del marido de Charlotte, ya durante diversos momentos de conversación a solas con ella. De una forma instintiva, Maggie presupuso que el interés mostrado por su padre, cuando estuvo presente, por los amenos ecos de la visita a Matcham no era menor que el suyo propio, aunque haciendo gracia de cuanto la esposa de su padre le hubiera dicho ya a éste en las charlas que los dos hubieran podido sostener desde la noche anterior. Llevada por el deseo de poner en práctica su proyecto, Maggie se reunió con ellos después del almuerzo, en el momento en que todavía no habían abandonado la estancia en que solían desayunarse, escenario también de su comida del mediodía; en presencia de su padre habló de la posibilidad de haberse perdido algo del relato de la visita por su tardanza en reunirse con Charlotte, y expresó la esperanza de que quizá hubiera todavía alguna anécdota que ignorase. Charlotte iba ya vestida para salir de casa y, a juzgar por las apariencias, su marido estaba dispuesto a no salir. El señor Verver se había levantado de la mesa, y se sentó cerca del fuego con dos o tres diarios matutinos y el resto de la segunda y tercera entrega del correo en una mesita, en donde según pudo comprobar Maggie con una sola mirada, había más abundancia de la usual de circulares, catálogos, anuncios de ventas, sobres y grafías extranjeros que eran tan inconfundibles como las ropas extranjeras. Charlotte, junto a la ventana, miraba la calle lateral que desembocaba en la plaza, y causaba la impresión de haber estado esperando la llegada de Maggie antes de irse. A la luz extraña y colorista, como la de un cuadro, que determinaba las impresiones que Maggie recibía, los objetos adquirían apariencias que hasta el momento no habían revestido plenamente. Esto era consecuencia de su reavivada sensibilidad. Ella sabía que de nuevo se encontraba ante un problema que se hallaba en la necesidad de una solución, en cuya búsqueda debía trabajar intensamente. Esta conciencia, nacida recientemente en ella, quedaba anulada algunas veces como había ocurrido en la noche anterior, pero se había reavivado rápidamente en cuanto salió de su casa, y después de cruzar a pie media ciudad —había venido caminando desde Portland Place— se dio cuenta de que tal conciencia no había perdido fuerza, ni mucho menos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker