La Copa Dorada
La Copa Dorada —A fin de cuentas, el acontecimiento que se avecina es una buena razón para que Maggie desee la compañÃa de la señorita Stant.
Por todo comentario, la señora Assingham le miró y, en un momento, esta mirada produjo más efecto que cuanto hubiese podido decirle, ya que el PrÃncipe formuló una pregunta casi sin sentido:
—¿Y para qué ha venido?
La señora Assingham se echó a reÃr:
—Por eso, por lo que usted ha dicho. Ha venido por su matrimonio. Intrigado, preguntó:
—¿Mi matrimonio?
—El de Maggie… A fin de cuentas es el mismo. Ha venido por el gran acontecimiento. Y también porque se siente muy sola.
—¿Es ésta la razón que le ha dado?
—No lo recuerdo con exactitud, me ha dado tantas… La pobrecilla tiene toda clase de razones. Pero hay una que, sea lo que sea lo que haga, siempre recordaré aunque no me la digan.
El PrÃncipe, creyendo que debÃa conocer esta razón y como no alcanzaba a comprenderla, preguntó:
—¿Y de qué razón se trata?
—Que no tiene hogar. Carece de él, por completo. Está extremadamente sola.
Una vez más se mostró comprensivo:
—Y tiene pocos medios.