La Copa Dorada
La Copa Dorada Dándose cuenta de la magnÃfica coherencia de su pensamiento, dijo:
—TenÃa la seguridad de que mi padre harÃa esto en caso de que yo le dejara decidir por sà mismo. Le he dejado decidir, y mira el resultado. Le desagrada viajar, prefiere estar con nosotros. Ves los efectos, pero quizá no veas la causa. Aunque creo que la causa es maravillosa.
Su marido, después de sentarse junto a ella, nada dijo y nada hizo durante un tiempo, mientras Maggie se mantenÃa en guardia. A ella le causaba la impresión de que pensara, esperara, decidiera. Y como Maggie suponÃa, antes de hablar, el PrÃncipe actuó. Puso el brazo alrededor del cuerpo de Maggie y la atrajo hacia él.