La Copa Dorada
La Copa Dorada —Es para no alejarme de ti, querido. Por eso mi padre renunciarÃa a cualquier cosa.
Ella guardó silencio unos instantes y, con la vista fija en el exterior, añadió:
—De la misma forma que irÃa a cualquier sitio si tú fueras con él, quiero decir los dos solos.
Antes de dar respuesta a estas palabras, Americo dejó pasar unos instantes:
—¡Gran persona! ¿Quieres que le proponga una cosa?
—Si te sientes con ánimos para soportarlo…
El PrÃncipe preguntó:
—¿Y dejaros solas a Charlotte y a ti?
—¿Por qué no?
Después de decir estas palabras, Maggie tuvo que guardar unos momentos de silencio, pero cuando habló lo hizo con voz clara:
—¿Por qué no puede ser Charlotte uno de mis motivos? ¿Por qué el que no me guste apartarme de ella no puede ser una de mis razones? Siempre ha sido tan buena, tan perfecta para conmigo… Pero jamás lo ha sido de una forma tan maravillosa como ahora. Últimamente hemos estado más juntas pensando casi únicamente la una en la otra, igual que en los viejos tiempos.
Con acento de consumación, ya que Maggie consideraba que se trataba de un hecho consumado, prosiguió: