La Copa Dorada
La Copa Dorada —Esos dÃas en que llevabas al niño a casa de papá, y en que luego ibas siempre a buscarlo… No podÃas ingeniarte nada que pudiera gustar más a mi padre. Además, como sabes muy bien, siempre le has gustado a papá, y tú siempre, con gran elegancia, le has inducido a creer a él que te gusta a ti. Durante estas últimas semanas te has comportado como si desearas recordárselo de nuevo con el fin de complacerle.
Y Maggie concluyó:
—Y todo se debe a ti. Has producido tus efectos, entre ellos el de que mi padre no desee apartarse de ti, ni siquiera durante uno o dos meses. No quiere preocuparte, ni quiere aburrirte. Creo que esto, como muy bien te consta, jamás lo ha hecho. Y si me das el tiempo preciso, ya me encargaré, como siempre me he encargado, de que jamás llegue a hacerlo.