La Copa Dorada
La Copa Dorada A Maggie le constaba que sus palabras tenían un claro matiz de imposición de condiciones, e incluso mientras hablaba se preguntó si no sería causa de que el Príncipe apartara el brazo con que la tenía enlazada. El que no la soltara la indujo a suponer que le había obligado de repente a pensar todavía con más intensidad, a pensar con la atención tan concentrada que no podía hacer otra cosa. Y en el mismo instante, el Príncipe se comportó exactamente como si estuviera pensando muy concentrado. Adoptó una actitud incongruente que causó una impresión superficial; fue como un salto que le apartó del tono de gravedad con el que los dos habían hablado, y que le reveló a ella que su esposo tenía necesidad de ganar tiempo. Maggie advirtió que él se daba cuenta de que se hallaba en una posición débil, y que la advertencia que le había dirigido había llegado al Príncipe y también a Charlotte de modo excesivamente brusco. Maggie volvió a comprender que, ante su advertencia, los dos se veían obligados a modificar su comportamiento, aun cuando, para efectuar esta modificación de la manera que deseaban, necesitaban un período más o menos largo de recobrada independencia. Por el momento Americo se veía obligado a actuar de una manera que no le gustaba, y parecía que Maggie observara sin disimulo los esfuerzos de su marido. El Príncipe dijo: