La Copa Dorada
La Copa Dorada —Realmente no sé si serÃa conveniente. Que me entrometiera, quiero decir.
—¿Que te entrometieras?
—Entre tu padre y su esposa. De todos modos, ha de haber una manera para conseguir que sea Charlotte quien se lo proponga.
Maggie quedó pensativa, por lo que el PrÃncipe aclaró:
—Podemos sugerirle a Charlotte que sugiera a tu padre que me permita llevarlo de viaje.
Maggie exclamó:
—¡Oh!
—En ese caso, si tu padre pregunta a Charlotte por qué tan de repente pretendo hacerle semejante propuesta, ésta podrá explicarle la razón.
El coche se habÃa detenido; el lacayo, que se habÃa apeado, llamó a la puerta de la casa. Maggie preguntó:
—¿Y tú crees que ésta serÃa una manera bonita de hacerlo?
—Efectivamente. El que nosotros convenciéramos a Charlotte serÃa en sà convincente.
Mientras el lacayo regresaba junto al coche para abrir la puerta, Maggie dijo:
—Comprendo.
A pesar de sentirse un poco desconcertada, repitió: